Conciertos y Recitales

Recital de Piano

Alumnos de la Escuela Diná de Educación Musical
en memoria del maestro Manuel Rueda

La Fundación Corripio tuvo el placer de presentar un hermoso recital de piano a cargo de alumnos del Estudio Diná de Educación Musical, que, como verán en el programa (pie de la página), estuvo a cargo de Cherinuel Reyes Paredes,Davidson Reyes Paredes, Oscar Pozo Gil, Manuel Amoris Matos Maluf y Omar Ubrí Ramos, alumnos del profesor Iván Domínguez, de larga trayectoria pedagógica musical y quien forma parte del personal docente del Estudio Diná.

El Estudio Diná de Educación Musical, fundado y dirigido por la profesora Farida Diná desde 1983, es un centro de enseñanza consagrado a la formación musical de jóvenes en piano, violín, viola, violonchelo, flauta y flauta dulce, clarinete, saxofón, guitarra clásica y popular y batería. Con su centro principal en Santo Domingo oeste, otro en la parte oriental de la urbe y un tercero en Santiago de los Caballeros, cuenta con una matrícula de seiscientos alumnos, y un personal docente de sesenta profesores, entre dominicanos y extranjeros, todos con probada capacidad y experiencia en sus respectivas disciplinas e instrumentos.

Aparte de su valiosa labor pedagógica, el Estudio Diná de Educación Musical ha sido organizador, durante doce años consecutivos, del Concurso de Coros más importante del país, y junto a la Escuela Elemental de Música ?Elila Mena?, ha sido coorganizador de concursos para piano y las Olimpíadas de Lectura Musical y Sonatinas, además del Concurso de Guitarra Clásica para Nivel Elemental. Sus Talleres de Iniciación a la Música para Profesores de Pre-Escolar tienen gran demanda desde fue aprobada como obligatoria la enseñanza de la música en liceos y colegios privados.

Por toda esa encomiable labor, el Estudio Diná de Educación Musical forma parte de la Asociación Latinoamericana de Conservatorios y Escuelas de Música; ha recibido diversos galardones, y su directora, la profesora FaridaDiná, ha sido reconocida como Personalidad Cultural 2007 y condecorada con la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana.

II

Este Recital de piano de alumnos del Estudio Diná de Educación Musicalen la Fundación Corripio, se realiza con mucho beneplácito en homenaje a Manuel Rueda, a propósito de cumplirse el nonagésimo segundo aniversario de su nacimiento el 27 de agosto pasado. Es una velada musical en memoria de quien fuera nuestro artista más completo del siglo XX. Manuel Rueda fue pianista, educador, poeta, dramaturgo, folklorista, narrador, ensayista, crítico, compositor, y promotor cultural desde la Fundación Corripio y el suplemento cultural Isla Abierta del periódico Hoy, desde su fundación a principios de los ochenta del siglo pasado, hasta su muerte, ocurrida el 20 de diciembre de 1999.

Son innumerables las veces que me ha tocado escribir y hablar sobre la vida y la obra de Manuel Rueda ‒recordado maestro y amigo, cuya partida dejó un sensible vacío entre nosotros‒, y lo he hecho siempre con emotivo orgullo y creciente admiración por un artista que sobrepasó con creces las posibilidades de nuestro medio,que escribió una obra literaria extraordinaria, y dejó lecciones inolvidables para el mejor arte musical y literario y una profunda huella en la cultura nacional.

Nacido en el seno de una honorable familia de Monte Cristi, el 27 de agosto de 1921, Manuel Rueda González mostró,desde que era un niño, sus aptitudes para la música, y ya a los quince años se había graduadode concertista y profesor de música en el Liceo Musical. A los dieciochoobtuvouna beca del gobierno dominicano para continuar sus estudios en Chile, donde tuvo la fortuna de tener como maestra a la inolvidable Rosita Renard, y la oportunidad de conocer a los grandes del momento, entre los más connotados, el inmenso Claudio Arrau y el gran poeta Vicente Huidobro, tan influyente en su obra literaria.

A los treinta años regresó Rueda a Santo Domingo, provisto de un bagaje intelectual y musical como no lo había tenido antes nadie en el país, para convertirse en la primera figura del ámbito musical dominicano, ante todo como solista y concertista, e ilustre acompañante de figuras nacionales de prestigio, como el tenor Arístides Incháusteguiy la soprano Ivonne Haza, y extranjeras de la estatura de la hoy mundialmente famosa Jessye Norman, y como profesor de generaciones de pianistas en el Conservatorio Nacional de Música, entre los que descuellan el fenecido Milton Cruz, la brillante Miriam Ariza, y, entre las más jóvenes, María Irene Blanco, actual directora del Conservatorio Nacional de Música, y María de Fátima Geraldes, para solo mencionar algunas.

No hay ningún aspecto de la cultura nacional en el que Manuel Rueda no tuviera una participación clave durante casi medio siglo de incesante actividad. Renovó la poesía con el Pluralismo, un movimiento que vino a ponernos al día en el quehacer poético continental, hasta culminar con su obra Las metamorfosis de Makandal, que obtuvo, meses antes de su muerte, el Gran Premio ?Don Eduardo León Jimenes? en la Feria del Libro de 1999. Investigó en campos y pueblos sobre nuestro folklore, sobre todo las adivinanzas que plasmó en un grueso volumen. Modernizó la escena dominicana con varias obras de teatro, entre las cuales se halla su Retablo de la pasión y muerte de Juana la Loca, ganadora del Premio Tirso de Molina en España, en 1995. Dejó cuentos y novelas memorables, poesía y teatro inéditos. Desde las páginas de Isla Abierta, durante casi veinte años, fue un mentor de las artes plásticas nacionales, alentando a los nuevos talentos y promoviendo la obra de los maestros consagrados. En nuestro país obtuvo innumerables galardones en poesía, cuento y novela, y el Premio Nacional de Literatura en 1994.

Como pianista, lo que todos admirábamos en Manuel Rueda, más quesimple virtuosismo o demostraciones de velocidad y fuerza, era su sentido del ritmo, su toque característico, su aguda mirada, su intuición para hacer música en cualquier circunstancia y con los medios instrumentales a su alcance, su profundidad en la comprensión de las obras y esa magia para seducir al oyente en cada interpretación. Era apasionado, impetuoso, exigente, torrencial, y solía acertar allí donde otros naufragaban en la incertidumbre. Todos lo respetaban y muchos le temían por el rigor de sus juicios. Podemos decir que Rueda fue un intelectual de la música como hemos tenido pocos, condición reconocida por maestros de la talla de Julio de Windt, FranҫoisBahuaud y Jacinto Gimbernard, siendo Rafael Villanueva el otro nombre que viene a mi memoria en estos momentos, un director de orquesta y amigo que escribió admirables ensayos sobre compositores y obras.

Rueda no tuvo un repertorio muy vasto, pero todo lo que tocaba tenía ese encanto de su interpretación particular que solo los pianistas natos poseen: ese don de fascinar a su auditorio, algo que proviene más de la personalidad del artista que de los artilugios de la técnica. Su repertorio iba de Bach a los contemporáneos, pero entre las obras que más tocó a lo largo de su carrera, encontramos una preferencia por los clásicos ‒con Mozart y Beethoven a la cabeza‒, los románticos ‒Mendelssohn, Chopin, Liszt,Grieg‒, los impresionistas Debussy y Ravel, y otros creadores franceses, como Milhaud y Poulenc, la amada música española ‒Granados, Falla‒, y el norteamericano Gershwin, entre otros, así como una serie de compositores dominicanos cuya música contribuyó a divulgar, siendo la Rapsodia dominicana de Luis Rivera un caballo de batalla en sus presentaciones.

Algunos de los compositoresmencionados serán interpretados dentro de unos instantes, en el piano Yamaha que perteneció al maestro Manuel Rueda, y que ocupó, durante varias décadas, el centro de su estudio en su apartamento de la avenida Pasteur, rodeado de los mismos muebles y cuadros colgados en las paredes de este salón. Allí acudía un heterogéneo grupo de personas que integrabaa estudiantes en busca de orientaciones, y lo más granado del mundo musical dominicano que se reunía con él a ensayar, escuchar y hacer música. En sus últimos años, incluso después del retiro de los escenarios, Rueda siguió tocando sus obras predilectas en la intimidad de su estudio,ante un auditorio selecto formado por una sola persona: su fiel amiga Aura Marina del Rosario.Ahora que ya no está entre nosotros, solo nos queda el recuerdo de su estampa inolvidable, y el eco imperecedero de las obras con que nos deleitó en sus mejores tiempos.

Conciertos

Alexis Golovin– afamado pianista ruso invitado por la Fundación Corripio.

Artistas Residentes

Ivonne Haza-soprano
Francois Bahuaud-cellista y director
María de Fátima Geraldes-pianista
Pavle Vuieie-vilinista
Svezdana Radovkovie-violinista
Juan Pablo Polanco-cellista
Darwin Aquino-violinista y director
Cuarteto del Orbe
Conjunto de Cámara Ars Nova