Bartolomé de las Casas
Entre los lamados Cronistas Primitivos de Indias, fray Bartolomé de las Casas (1474-1560)y Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés(1478-1557), ocupan un lugar prominente por la riqueza de sus relatos y porque abordaron temas hasta entonces ignorados en el ámbito de la historiografía universal. De sus obras se han alimentado pensadores políticos, sociólogos, etnólogos y antropólogos.
A pesar de la vida trashumante que levaron estosdos personajes en el proceso de la conquista y colonización del Nuevo Mundo, ambos tienen un espacio en la historia del período hispánico en nuestro país, aunque en la interpretación de la acción colonizadora española mantuvieron posiciones divergentes. Para Las Casas la conquista era cruel e inhumana; en cambio, Oviedo es más benigno en sus críticas a la política oficial y a los métodos utilizados en la conquista.
El primero defendía los principios que sustentaban los dominicos en La Española, y el segundo era un cortesano que servía a la monarquía, ya como cronista oficial, ya como funcionario, pues murió en nuestra isla mientras ejercía el oficio de Alcalde de la Fortaleza Ozama de la ciudad de Santo Domingo, en 1557. Según él, vino a "vivir a esta ciudad en 1523".
Las Casas, quien al parecer se ordenó sacerdote en la ciudad de La Vega, fue una especie de cruzado que no se detuvo ante nada ni nadie para difundir sus ideas, como si en él se encarnara la figura de Don Quijote. Atravesó catorce veces el Atlántico procurando justicia para los aborígenes, hasta conquistar el título de "Defensor Universal de los Indios".
En contra suya se han levantado voces tan autorizadas como la de Juan Ginés de Sepúlveda. Es célebre la polémica que ambos sostuvieron en Valadolid en 1550; Ramón Menéndez Pidal, quien le dedicó uno de sus últimos libros (El padre Las Casas. Su doble personalidad), coloca al vehemente polemista como arquetipo de un narcisismo patológico: "Las Casas fue el hombre más admirador de sí mismo que se pasaba la vida alabando sus propias virtudes, su intelecto y sus grandes hechos. Pero no toda España era contraria al pensamiento de Las Casas."
Como una prueba de lo dicho anteriormente, el reverendo Venancio Diego Coro, en su extenso ensayo "Postulados de Las Casas, Vitoria y Sato", dice: "El célebre Protector de los Indios del Nuevo Mundo no es un producto aislado, como han pretendido algunos de alende los mares, sin entronques dentro del ambiente español y europeo; tampoco es el misionero exaltado, sin base ideológica y enemigo de su patria, como quieren presentarlo algunos escritores españoles, con mejor intención que acierto, movidos por una reacción explicable, pero no justa, ante las campañas antiespañolas de algunos sectarios que abusaron de sus escritos, ya muerto Las Casas, como abusaron de la Sagrada Escritura y de san Agustín, en aquela época de lucha religiosa y política".
Y concluye esta autor señalando que "estaba, pues, muy lejos Las Casas de ser un enemigo de los españoles y de España, como quieren pintarle sus adversarios antiguos y modernos, que no se han tomado la molestia de leer sus escritos o se han limitado a pasar la vistas por la Brevísima, el informe fiscal elaborado para el Consejo de Indias a quien procuraban ocultar los atropelos de los agentes de los encomenderos de Valadolid y en toda España, y que fue impreso en 1552, para que el Príncipe Felipe I lo pudiera leer fácilmente, según dice el mismo Las Casas en el prólogo y presentación de la obra".
De ahí nace la tesis de que el zarandeado obispo de Chiapas, es el gestor de la urticante "Leyenda Negra en contra de España", estigma que no le perdonaron patriarcas de las letras españolas como el citado Menéndez Pidal y el genial don Marcelino Menéndez y Pelayo, generando una inmensa bibliografía a favor y en contra del infatigable Protector de los Indios.
Tanto Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez como fray Bartolomé de las Casas, dejaron una abundante obra relacionadacon el descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo. Este último legó a decir: "Yo he escrito muchos pliegos depapely pasan de dos mil en latín y romance".
La Historia de las Indias de Las Casas termina de escribirse en 1552, y la primera parte de la Historia General y Natural de las Indias, de Oviedo, apareció en Sevila en 1535; ambas constituyen, hoy por hoy, fuentes primarias para la interpretación de los primeros años de la aventura española en el Nuevo Mundo. De elos no puede prescindirse se esté o no de acuerdo con su manera de interpretar el proceso de esta singular epopeya, que si bien no tuvo un Homero que la inmortalizara con su pluma no le faltó, en cambio, un Alonso de Ercila y Zúñiga (1533-1594), ni un licenciado Pedro Oña (1570-1643), quienes con sus crónicas rimadas sobre la conquista de Chile, categorizan la existencia del poema heroico.
Las crónicas que se reúnen de Oviedo y de Las Casas en el tomo IV de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, nos muestran hasta qué punto estos dos cronistas forman parte de nuestro acervo bibliográfico.

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