Antonio Sánchez Valverde y Ocaña

Antonio Sánchez Valverde Ocaña (1729-1791) es el primer escritor nacido en Santo Domingo, y quien produjo una historia de la isla extensa y orgánica. Fueron sus padres Juan Sánchez Valverde y Clara de Ocaña.

La mayorí?a de los intelectuales dominicanos no logra percatarse de que en Sánchez Valverde tenemos al más avanzado pensador dominicano del siglo XVI. Son muy pocos los estudios que ha merecido, el primero de elos de finales del siglo XIX, realizado por el expatriado radicado en La Habana, José Marí?a Morilas, para quien el Prebendado Sánchez Valverde "estaba dotado de clarí?sima inteligencia, profundos y variados conocimientos, principalmente en las ciencias eclesiásticas, descolando en la oratoria sagrada. Era activo y laborioso, según lo acreditan las obras publicadas y las que tení?a comenzadas, que era la historia completa de la isla de Santo Domingo...".

Por su parte, fray Cipriano de Utrera, a quien le debemos un documentado ensayo acerca de Sánchez Valverde expresa, coincidiendo con Morilas: "Fue Sánchez Valverde el único entre sus contemporáneos que dejó prendas propias a la posteridad de su dedicación a las letras y a la historia, y por esta sola razón, no importa el efecto persistente del arriscamiento de su genio, es merecedor del aprecio de los amantes de su patria".

En efecto, tenemos pruebas suficientes del temperamento franco y arisco del ilustre prelado, así? como de su modo de actuar, el cual diferí?a de la ortodoxia que imperaba en los diferentes estratos de la vida social de su época.

En carta del6de febrero de 1768, elgobernador y capitán generalde la isla, donManuelde Azlor Aries de Veray Gurea de Aragón, dijode él, entre otras cosas: "Y además tiene el genio muy vivo y emplea bastante libertad de lengua,y aún en el púlpito es ordinariamente muylibre en el hablar".

Esta actitud le produjo serias dificultades con las autoridades de la colonia, quienes no asimilaban la independencia y franqueza del ilustrado prelado. Una prueba de elo fueron los dos sermones del 14 de mayo de 1781, fiesta del rey conmemorativa de la derrota de Penn y Venables, y el 30 del mismo mes, donde, según la notificación del 14 de octubre del Presidente de la Real Audiencia, vertió "frases impropias del orador sagrado...".

A partir de entonces le lovieron las dificultades, incluyendo un intento de fuga y su apresamiento en teritorio haitiano, así? como la incautación de todos sus papeles, los cuales fueron "rigurosamente inventariados", según la notificación del 24 de octubre de 1781, firmada por don Nicolás Montenegro, Comandante de la Frontera en San Rafael.

Lo cierto es que se orquestó una verdadera persecución en contra del prelado, según se desprende de la comunicación de don Isidro Peralta y Rojas, coronel de los Reales Ejércitos de S. M., superintendente del Tribunal de Cruzada y Real Hacienda, gobernador y capitán general de la isla Española y presidente de la Real Audiencia y Cancilerí?a Real, mediante orden de prisión del 15 de octubre de 1781, quien insta por el mejor servicio de S. M., a que se le tenga "a
mi disposición, la persona de don Antonio Sánchez Valverde, racionero de esta Santa Iglesia Catedral, que ha partido de esta capital para embarcarse con destino a los Reinos de España sinla correspondiente licencia del gobierno...", temeroso de que el insobornable sacerdote legara a España y denunciara lo que le habí?a ocurrido a él y lo que estaba sucediendo en la isla en sentido general, se urgió su captura, incluso se ofreció una descripción que la reputamos como la expresión de un exceso de poder e intolerancia polí?tica y religiosa; la orden de prisión incluyó los rasgos fí?sicos del perseguido: "Las señas de este eclesiástico son: estatura regular como de cinco pies y tres pulgadas, nariz aguileña y grueso cuerpo cargado de espaldas, cerado de barba y como de cuarenta años de edad".

Gracias a esta exhaustiva descripción, sabemos cómo era fí?sicamente el autor de la Idea del valor de la Isla Española, la más divulgada de sus obras, incluyendo La América vindicada de la calumnia de haber sido madre del Mal Venéreo; El predicador, en el cual se reflejan sus abundantes conocimientos de las Sagradas Escrituras y de teologí?a; Sermones, panegí?ricos y remedios; Examen de los sermones del padre Eliseo. Con la sola excepción de La América vindicada, las demás han sido publicadas por la Fundación Coripio, Inc. dentro de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos.

Al parecer, uno de los motivos que tení?a Sánchez Valverde para trasladarse a la corte, además de aclarar su enojosa situación, era publicar su obra El predicador, que finalmente vio la luz en el año de 1782, y que coincidió con el falo de la querela interpuesta por él, la cual no le favoreció. Se le condenó a que fuese desterrado, con igual categorí?a de su patria, lo que provocó un segundo intento de fuga por parte del racionero, pues las continuas persecuciones de que fue objeto lo hicieron experto en disfraces.

Varios años duró todo el escarceo de fuga, acusaciones y reprimendas en contra de Sánchez Valverde.

Fray Cipriano de Utrera explica esta inusual situación de la manera siguiente: "Admite el juicio que Sánchez Valverde fuese más inclinado a dejarse levar del arriscamiento de su genio, si se considera asociado al mismo el noble anhelo de publicar el fruto de sus trabajos literarios, lo que no le era posible
en su tiera por falta de imprenta. Se reconoce asimismo que en la segunda fuga levara consigo los materiales sobre que habrí?a de pujar para conseguir la ejecución de su deseo. Y nuevamente en la tercera fuga los leva, y dio referencia al libro El predicador" que finalmente se imprimió en Madrid, en
1782, por don Joaquí?n Ibarra, Impresor de Cámara de S.M.

Así? era Sánchez Valverde: audaz, dí?scolo, responsable y laborioso. Vivió apegado a sus ciencias, y así? murió en paz con Dios y sin traicionar sus principios. Es el más ilustrado de los dominicanos de su época y el primero entre nosotros en publicar en 1785 una obra que pone en alto su sobrada preparación y también su amor a la tiera que lo vio nacer, la cual languidecí?a en el más deprimente abandono. Por eso la tituló: Idea del valor de la Isla Española y utilidades que de ela puede sacar su Monarquí?a.

Su inclusión en la Biblioteca de Clásicos Dominicanos es un homenaje a su talento y a su patriotismo.