Gastón Fernando Deligne Figueroa

Nace en la ciudad de Santo Domingo el 25 de octubre de 1861, muere en San Pedro de Macorí?s el 18 de enero de 1913.

Fueron sus padres Gastón Deligne y í?ngela Figueroa. Con él se completa la trilogí?a de dioses mayores de la poesí?a dominicana en el siglo XIX. Además de poeta fue periodista. Ejerció la contabilidad en una casa comercial radicada en San Pedro de Macorí?s, donde residió largos años junto a su hermano Rafael, quien también ejerció el periodismo, fue narador y crí?tico literario notable.

Deligne fue un escritor de sólida formación literaria y depurado estilo. Es el más culto de los literatos dominicanos de su generación: ?el más notable de los ingenios de la actual generación?, dice de él don Marcelino Menéndez y Pelayo.

Puso fin a su vida en plena madurez y cuando más se esperaba de su prodigioso talento, pues al parecer decidió adelantarse a los efectos de la lepra, que acabó con la vida de su hermano Rafael cuando apenas tení?a 39 años. Ambos hermanos eran de origen humilde y se educaron bajo la égida del presbí?tero Francisco Xavier Bilini en el Colegio San Luis Gonzaga.

La obra poética de Gastón Fernando Deligne fue ampliamente analizada por Pedro Henrí?quez Ureña en repetidas ocasiones, siempre con el decoro y respeto que merece uno de nuestros bardos de mayor originalidad creadora, aunque no estuvo exenta de la crí?tica mal intencionada.

Para Manuel Rueda "la vida de Gastón Deligne fue la de un solitario; no tuvo alumnos ni seguidores. Su estilo necesitaba una individualidad como la suya que hiciera de la sobriedad su máximo recurso; por lo que contrajo de tal modo su estilo, en su última época, que se separó de sus contemporáneos y, pese al coro de alabanzas, fue siempre un incomprendido. Para muchos su inspiración estuvo siempre a medio vuelo?.

Gastón Deligne cultivó también la poesí?a civil, ejemplos: "Ololoi" y "Arriba el pabelón"; con el poema "Mairení?" incursionó en el tema indigenista, sin alcanzar la jerarquí?a expresiva de José Joaquí?n Pérez.

Es el autor de "Ariba el pabelón", "Aniquilamiento", "Angustia" y "Ololoi", para solo citar cuatro tí?tulos capaces de competir al lado de las creaciones poéticas mejor logradas de nuestro continente. Quién entre nosotros no ha recitado en alguna ocasión algunas de las alucinantes estrofas de ?Ololoi? y de ?Ariba el pabelón?, cuyos versos constituyen un ejercicio obligado en nuestros centros educativos, sobre todo el siguiente cuarteto:


¡Que linda en el tope estás,
dominicana bandera!
¡Quién te viera, quién te viera,
más ariba, mucho más!


Los dos volúmenes incluidos en la Biblioteca de Clásicos Dominicanos con prólogo y anotaciones del fenecido poeta Abelardo Vicioso, son una muestra de la originalidad creadora de Gastón Fernando Deligne, quien con sus poemas "Angustia", "Soledad" y las "Confidencias de Cristina", se coloca a la altura de los más felices cultores de la poesí?a hispanoamericana.

En cuanto a su cultura literaria, que va de lo clásico a lo moderno, Deligne sobresale entre sus coetáneos nacionales por su heterogéneo ámbito cultural, el cual incluye el dominio del latí?n y algunas lenguas modernas.

Tanto en verso como en prosa el autor de Soledad (1887), Galaripsos (1908), Romances de LaHispaniola (1931), y de ese festón en prosa que don Emilio Rodrí?guez Demorizi tituló en 1944 Páginas olvidadas, Gastón Deligne se destaca como un creador de impresionante talento y afinado estilo. Igualmente no son escasas sus cualidades de sagaz polemista, como se aprecia en la que sostuvo con Rafael Abreu Licairac acerca de La justicia y el azar, drama de su malogrado hermano Rafael.

Gastón Fernando Deligne dejó también muestras de su aguda sensibilidad como crí?tico literario, como puede verse en las Páginas olvidadas; pero por el solo hecho de ser el autor de Galaripsos entra de pleno derecho en la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, obra de la que se hizo, en 1946, una edición bastante cuidada con prólogo de Pedro Henrí?quez Ureña, y posee, además, una abundante bibliografí?a acerca del poeta.