José Ramón López Lora

Nació en Montecristi el 3 de febrero de 1866. Murió en la ciudad de Santo Domingo, el 2 de agosto de 1922. Fueron sus padres José Marí­a López Escarfuleri y Juana de Lora.

José Ramón López ejerció el periodismo desde muy temprana edad. Aún no habí­a cumplido los dieciocho años cuando era perseguido por sus artí­culos publicados en La Libertad. En 1886, encontrándose en la cárcel por segunda vez, logró escapar. Desde entonces inició un largo autoexilio que se prolongó hasta 1897. Durante este perí­odo escribió en la prensa de Puerto Rico y Venezuela. En este último paí­s fue redactor de El Progreso y de El Tiempo.

Al regresar al paí­s escribió en el Listí­n Diario, siempre en actitud combativa y reformadora. Fue un crí­tico persistente de los males sociales y polí­ticos que padecí­a la sociedad dominicana. En 1909 fundó el diario polí­tico El Dominicano y en 1911 fundó también El Nacional. Asimismo se destacó en la redacción de Pluma y Espada. Numerosas revistas locales, como La Cuna de América, se beneficiaron de su activa vocación periodí­stica.

Tuvo plena conciencia de la realidad dominicana y lo expresó en ensayos como La alimentación y las razas (1896) y La paz en la República Dominicana. Contribución al estudio de la sociologí­a nacional (1915), obras que han pasado a formar parte de una lí­nea de pensamiento que se ha dado en lamar pesimismo dominicano, sobre todo la última, por el crudo realismo que transmite.

Siempre nos ha parecido demasiado simplista esta categorización, pues si le damos credenciales de dogma, pesimista serí­a Salomé Ureña, cuando escribe "Sombras" y "Mi ofrenda a la Patria"; pesimista serí­a Manuel Rodrí­guez Objí­o, cuando escribe en 1863 su largo poema "Historial"; pesimista serí­a también Gastón Fernando Deligne. José Ramón López y los demás personajes que hemos citado se expresaron en su momento, compelidos por situaciones ancestrales que ofrecí­an poco margen para la esperanza, triste secuela de las dificultades sociales y polí­ticas que de manera inveterada amenazaban el porvenir del paí­s.

Para Joaquí­n Balaguer, el autor de La paz en la República Dominicana "se distinguió, entre los escritores de su generación, por la sagacidad con que estudió como sociólogo los fenómenos caracterí­sticos de la evolución dominicana".

José Ramón López fue un cuentista y ágil periodista. Se ha dicho de él que es uno de nuestros mejores cuentistas, sobre todo en sus naraciones vernáculas, lenas de "gracia y espontaneidad", como se percibe en sus aplaudidos Cuentos puertoplateños. Además de cuentista, ensayó también, con menos fortuna, el género novelí­stico.

Al concluir su presentación del primero de los tres tomos que la Fundación Corripio, Inc. le dedicó a este autor, con un magní­fico prólogo de la socióloga Ramonina Brea, Manuel Rueda expresa:


"Después que el lector dominicano lo conozca a fondo, tras la lectura de los volúmenes que hoy se ponen en sus manos, más de uno se preguntará por qué no se le ha rendido el homenaje que merece, por qué Montecristi, su ciudad natal, Puerto Plata y Santo Domingo, aún no le dedican un reconocimiento que vaya acorde con su importancia".


José Ramón López legó a publicar, entre otras obras que perpatuaron su fama de sociólogo, analista polí­tico, cuentista y ensayista: La alimentación y las razas (1896); Cuentos puertoplateños, tomo único publicado en 1904; Geografí­a de la América antilana, en particular de la República Dominicana (1915); La paz en la República Dominicana. Contribución al estudio de la sociologí­a nacional (1915). Incursionó también en aspectos estadí­sticos y produjo un Manual de agricultura.