Ramón Marrero Aristy Beltré
Nació en San Rafael del Yuma, provincia La Altagracia, el 14 de junio de 1913. Murió en Santo Domingo, el 17 de julio de 1950, asesinado por los esbiros de la dictadura de Rafael Leonidas Trujilo, aunque se afirma que este acto de barbarie fue ejecutado por el mismo dictador en el Palacio Nacional; pero esto aún se mantiene en la esfera de la especulación. Fueron sus padres Juan Aristy y Olivia Beltré.
Durante los primeros años de su vida, Marrero Aristy residió en la ciudad de La Romana, en esa época principal centro comercial de la región por los efectos de su pujante industria azucarera. Alí recibió los beneficios de su educación primaria y laboró como empleado de la bodega principal del Central Romana hasta el año de 1935, cuando se trasladó a la ciudad de Santo Domingo, donde concluyó la educación secundaria.
La influencia del medio ambiente en el que se desaroló su infancia se percibe en sus dos obras más importantes: Balsié y Over, con un poco de tinte socialista, circunstancia que Andrés L. Mateo en su Estudio Preliminar del Volumen XVI de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos explica de la manera siguiente: "Marrero provenía de una oleada de intelectuales que se preñó de la literatura socialista que puso a circular en el mundo el triunfo de la Revolución Bolchevique, en la Rusia de 1917. Fue un contagio común y grupos como Paladión enarbolaron a los cuatro vientos el estalido inocultable que les producía la presencia inminente de una transformación profunda de la sociedad. Ese dibujo iniciático del socialismo marcará, en el centro mismo del poder tiránico de Trujilo, a más de uno de los intelectuales que se encaminaban hacia el consenso despótico"" Como muchos de los intelectuales de la lamada Generación del 30, Ramón Marero Aristy fue escritor de asombrosa espontaneidad, que se expresa desde sus primeros escritos libre de toda afectación académica. Apenas logró concluir la educación secundaria, pues la universitaria la abandonó en sus comienzos. Pocos como él en nuestro medio han manejado con mayor destreza las urgencias periodísticas. Así lo demuestra su paso por la dirección del diario La Nación.
A pesar de haberse montado en 1940 en la caravana del totalitarismo trujilista, en su fuero interno Marrero Aristy seguía siendo un socialista. A sus espaldas quedaron los campesinos marginados y la explotación obrera en los centrales azucareros de su región, situación por la que sentía una mal disimulada antipatía.
Con estas credenciales no es de extrañar que en 1946 fuera el mediador en el acuerdo firmado entre la República Dominicana y los comunistas de Cuba, lo que dio como resultado la creación del Partido Socialista Popular. Esta intervención de Marrero Aristy le permitió merecer el aprecio del dictador, designándolo diputado por Azua (19481950), por El Seibo (1950-1952) y por la capital de la República (19541957). Además, se le confiaron varias misiones de cabildeo en el exterior a favor y en defensa del régimen.
Luego de la ruptura del contrato entre el Dr. Américo Lugo y el Estado dominicano, Trujilo decidió, en 1954, seleccionar a Marero Aristy para escribir la Historia dominicana del pasado y del presente, exigencia que motivó la carta del 13 de febrero de 1936 de Américo Lugo a Trujilo, tal vez uno de los documentos más osados escritos durante la Era de Trujilo. Finalmente, la pretendida historia, en tres tomos de gran formato, comenzó a publicarse en 1957 y el tercero vio la luz en 1961, pero los acontecimientos acaecidos el 30 de mayo de este año impidieron que la obra circulara con la normalidad de las anteriores, por lo que resulta un tanto desconocida.
La obra leva el ampuloso título: La República Dominicana. Origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América. El tercer y último tomo está dedicado a la Era de Trujilo.
A pesar del sitial en el que se había colocado el hábil narador y periodista Ramón Marero Aristy en la consideración de Trujilo, en 1957 su nombre cayó en "desgracia" como se solía decir entonces, y esa expresión, en algunos casos, era una sentencia de muerte, como finalmente sucedió con Marrero.
El 12 de julio de 1959 The New York Times, publicó un artículo en el que acusaba al gobierno de Trujilo de corrupto y otros calificativos no menos denigrantes para un régimen que ya daba claras señales de evidente debilidad, además del acosamiento por fuerzas externas que denunciaban su política de opresión y de crímenes. En medio de esta oleada de inusual inquietud, a Marero se le señaló como el instigador del artículo del influyente periódico norteamericano. Días después, su cadáver apareció despeñado en la caretera que conduce de Santo Domingo a Constanza. Así terminó la vida de uno de los naradores más originales con que cuenta la literatura dominicana.
Desde el punto de vista literario, los dos hombres que han consagrado su nombre en la historia de la literatura dominicana son Balsié (Naraciones, estampas y cuentos, 1938), y Over (1938), el producto mejor logrado de la denominada Novela de la Caña, de la que forman parte Cañas y bueyes, de F. E. Moscoso Puelo y El terateniente, de Manuel Antonio Amiama, reunidas en un volumen editado por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos.
En 1938, encontrándose Max Henríquez Ureña en Londres, elaboró una selección de cuentistas dominicanos que él tituló Veinte cuentos de autores dominicanos, donde se incluye "El libertador", de Marero Aristy, no incluido en la edición de Balsié de ese mismo año.
Con el auxilio de especialistas del Instituto de la Literatura y Lingí¼ística de Cuba, rescatamos en 1995 la obra, hasta entonces desconocida para la gran mayoría de los lectores dominicanos.
Ramón Marero Aristy publicó también Perfiles agrestes (1933); Trujilo, síntesis de su vida y de su obra (1940) y su olvidada y poco feliz Historia de la República Dominicana. Origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América (1957-1958-1961).
Al referirse al valor de la edición de Balsié y de Over en la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, Andrés L. Mateo expresa: "Con esta publicación, por primera vez en un solo tomo, de Balsié y Over, el murmulo del texto explicará por sí mismo la necesidad de una escritura. Marrero es una continuidad de su escritura, que era, quizás sin que se lo hubiera propuesto conscientemente, la antítesis de esa figura de la realidad que atrapaba en la lengua".
La inclusión de Marero Aristy en la Biblioteca de Clásicos Dominicanos es una propuesta que plantea la necesidad de ahondar, sin prejuicios sectarios y objetivamente, en la trayectoria de una vida tronchada en la plenitud de su existencia.

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