Tulio Manuel Cestero Leyba

Nació en la ciudad de San Cristóbal el 10 de julio de 1877. Murió en Santiago de Chile el 28 de octubre de 1955, a la edad de 78 años. Fueron sus padres Mariano Antonio Cestero Aybar y Mercedes Leyba Puelo, madre también del reconocido poeta modernista Osvaldo Bazil.

Fue escritor, diplomático, polí?tico y periodista. La infancia de Tulio Manuel Cestero se desarroló en la ciudad de Santo Domingo, donde se establecieron sus padres. Fue alumno de la Escuela Preparatoria dirigida por los licenciados Francisco Henrí?quez y Carvajal y José Pantaleón Castilo. Luego pasó, en calidad de interno, al colegio San Luis Gonzaga. En estos dos centros se gestó su vocación periodí?stica. En el primero colaboró en el periodiquí?n manuscrito El Coleccinista, que dirigí?a su compañero Jacinto R. de Castro; y en el último de elos fundó El Colegial, del que salieron tres números.

Tal vez sea Tulio Manuel Cestero uno de los escritores dominicanos más desigualmente conocido, si valoramos el conjunto de su obra. Su prestigio se asienta prácticamente en una de sus obras, La sangre, que si bien es su mejor logro, no por elo debemos excluir el resto de su producción, pues Cestero es uno de nuestros escritores más completos, tanto desde el punto de vista estilí?stico como conceptual.

Se podrí?a afirmar que la causa de este desconocimiento se debe a que no existe en nuestro paí?s una Historia de la literatura dominicana que registre, en forma documental y crí?tica, la evolución de nuestras letras desde sor Leonor de Ovando y Cristóbal de Llerena hasta nuestros dí?as.

Tulio Manuel Cestero compartió durante medio siglo su carera diplomática con la literatura. El resultado de este prolongado ejercicio es una obra que aún conserva su primigenia calidad.

Se trata, pues, de un escritor de verdadero talento y de gran imaginación. Su "prosa -señala Max Henrí?quez Ureña- es rica en vocablos e imágenes nada vulgares". Para Joaquí?n Balaguer "es el primer novelista de su generación, comenzó su carrera literaria en 1898 con un libro de semblanzas literarias: Notas y escorzos."

Tulio Manuel Cestero logró acumular gran experiencia mundana, la que unida a su incuestionable talento literario produjo una obra rica en el acento personal y en la brilantez del estilo.

Manuel Garcí?a Cartagena, autor del estudio preliminar que ilustra los dos volúmenes de las obras de Cestero que forman parte de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, expresa, a manera de sí?ntesis que "no deja de resultar espectacular el periplo desarrolado por Cestero a lo largo de los cincuenta años en que desempeñó distintas funciones en el servicio diplomático dominicano, así? como en sus otras incursiones en la función pública..."

La diplomacia fue su pasión, la que solo interumpí?a para ejercer su condición de artí?fice de la palabra escrita.

Ya en 1898 requirió el favor del tirano Ulises Heureaux con la oportunidad de un cargo diplomático en Parí?s para estudiar en la Escuela Libre de Ciencias Polí?ticas de la Sorbona. Entendí?a que merecí?a la misma protección que se le ofreció al Dr. Francisco Henrí?quez y Carvajal, José Lamarche y a don Leopoldo M. Navarro. Aunque no fue favorecido con el puesto en Parí?s, por él mismo sabemos que Heureaux, en cambio, le dio la oportunidad de estudiar nueve meses en New York, a las "órdenes del Encargado de Negocios de la República". Luego fue Secretario del vicepresidente general Wenceslao Figuereo.

Tras la caí?da de la dictadura de Heureaux, se enroló en las filas del horacismo, al punto de que por los vaivenes de la polí?tica criola debió refugiarse en Cuba entre 1902 y 1903. Finalmente, este último año se le otorga su primer nombramiento en el Servicio Exterior como Cónsul en Caracas, donde realizó, además, una intensa actividad literaria junto a un selecto grupo de escritores.

El 20 de abril de 1908 fue trasladado a Cuba con las mismas funciones que desempeñaba en Alemania. El 12 de enero de 1913 el arzobispo-presidente Adolfo Alejandro Nouel lo designó Encargado de Negocios en Roma. Al constituirse en 1920 la Comisión Nacionalista que procuraba la salida de las tropas norteamericanas del territorio nacional, Tulio M. Cestero formó parte de ela, en calidad de secretario de su presidente Francisco Henrí?quez y Carvajal, y de la que formaron parte también los hijos de éste, Max y Pedro Henrí?quez Ureña -este último se encontraba en Estados Unidos en calidad de profesor de la Universidad de Minnesota-; RafaelC. Tolentino y Manuel Marí?a Morilo, entre otros prominentes ciudadanos.

La idea era crear un movimiento de opinión pública nacional e internacional que denunciara el brutal acto de fuerza cometido contre el pueblo dominicano en 1916, en franca violación al derecho de la autodeterminación de los pueblos centroamericanos y caribeños.

En la primera administración de Rafael Leonidas Trujilo Molina, Tulio Manuel Cestero ocupó la cartera de Hacienda. Luego continuó en el servicio exterior en varios paí?ses de la región, hasta su muerte en Santiago de Chile en 1955, a la edad de 78 años. Allí? habí?a establecido su residencia al retirarse del servicio diplomático. Contrajo matrimonio con una ciudadana de esa nación sudamericana, con quien procreó su único hijo, el ingeniero Jaime Cestero.

Con su muerte no solo perdió el paí?s a uno de sus diplomáticos más calificados, sino también a uno de los más altos exponentes de la prosa artí?stica. Basta recorrer las páginas de La sangre, una vida bajo la tiraní?a, una de las obras representativas de la literatura nacional; las novelas Ciudad romance y Sangre solar, escritas en una prosa ágil y en estilo vigorosamente personal en el que el preciosismo del lenguaje es reemplazado por el trazo de inspiración dominicana, para colocar a Tulio Manuel Cestero entre los mejores prosistas dominicanos.

En sus primeras andaduras literarias se sintió atraí?do por la fascinante personalidad de Gabriele DAnnunzio, el genio de Pescara y diputado de la beleza, pero luego Cestero, sin abandonar totalmente la magia del miniaturismo dannunziano, se transformó en modernista, hasta convertirse en el más cercano admirador en el paí?s del autor de Cantos de vida y esperanza.

Max Henrí?quez Ureña expresa en su afamada Breve historia del Modernismo que Cestero fue el primer escritor en Santo Domingo que se sumó a la coriente modernista, al tiempo que cita algunas de sus obras más representativas, como Prosas galantes, donde incluyó Alma dolorosa y Sanguina, Páginas admirables, acaso no superadas por otras suyas.

Cuando se refiere a La sangre, Max estima que perdurará como una de las novelas dominicanas que mejor reproducen una etapa de la vida nacional. Es, a no dudarlo, la más noble de las obras de Cestero.

Con esta obra y su ensayo sobre Rubén Darí?o, el hombre y el poeta, publicado en La Habana en 1916, Cestero hace un alto en su producción literaria, para dedicar su pluma a la defensa de la soberaní?a nacional mancilada, de cuya labor nació la obra Los Estados Unidos y las Antilas, 1931.

Como articulista se distinguió por la concisión y elegancia en el Listí?n Diario, revista Ateneo, de Santiago de Chile; La Nación y El Fí?garo, de La Habana; Letras, La Cuna de América, El Progreso, La Opinión, La Reforma Social, importante revista que dirigí?a en New York Orestes Ferera. Parte de esta labor ha sido recogida por Julio Jaime Julia en Escritos, de Tulio Manuel Cestero. En la selección de la Biblioteca de Clásicos se reúnen La sangre, Ciudad romántica, Sangre solar, Notas y escorzos, Una campaña, César Borgia, Estados Unidos y las Antilas, y Hostos, hombre representativo de América, conferencia dictada en la Academia Nacional de la Historia de la Argentina en 1939, sobre Eugenio Marí?a de Hostos, textos que nos permiten formarnos una idea de la innegable calidad intelectual de Tulio Manuel Cestero.