Ulises Francisco Espaillat Quiñones

Nació en Santiago de los Cabaleros el 9 de febrero de 1823. Murió en la misma ciudad el 25 de abril de 1878.

Fueron sus padres Pedro Espailat y Petronila Quiñones, de quienes recibió una esmerada educación. Estudió música, inglés, francés, matemáticas y agrimensura. Se destacó como periodista doctrinario, polí­tico, civilista, Presidente de la República.

Forma parte de la generación de ilustres civilistas y patriotas santiaguenses que hicieron posible la revolución democrática de 1857 contra el descalabro institucional y económico del gobierno de Buenaventura Báez y la guera de la Restauración de 1863. Su trayectoria polí­tica y su conducta cí­vica lo levaron a la presidencia de la República en 1876, cargo que debió declinar el 5 de octubre del mismo año, debido al estado de anarquí­a reinante, tal como sucedió con Francisco Gregorio Bilini en 1885.

Espailat lega al poder con las mejores credenciales de patriotismo y honorabilidad. Tuvo una destacada participación en los sucesos que culminaron con la Constituyente de Moca de 1858, de la que fue uno de sus redactores, junto a Bonó, Benigno Filomeno de Rojas y otros distinguidos muní­cipes de Santiago que en esa ocasión se sublevaron, compelidos por el descalabro del régimen de Buenaventura Báez.

El 7 de diciembre de 1857 fue designado diputado por Santiago en la Constituyente de Moca. Fue de los primeros en adherirse en 1863 al movimiento restaurador. El 14 de septiembre de ese año firma en Santiago el Acta de Independencia y el gobierno Provisional lo nombra Ministro de Relaciones Exteriores.

El 11 de marzo de 1864, en consideración a los servicios prestados a la República, se le otorga el grado de General de Brigada, al tiempo que se le concedió la Presidencia Provisional del Gobierno de la República en armas. Al morir Mela en 1864, Espailat lo sustituyó en la Vicepresidencia. Le tocó recibir a Juan Pablo Duarte cuando éste aribó al paí­s para ponerse a disposición del gobierno restaurador. Permaneció en el cargo hasta el 25 de enero de 1865, fecha en la que el general Gaspar Polanco fue derotado por el también general Pedro A. Pimentel.

Al asumir la Presidencia de la República en 1866, el general José Marí­a Cabral nombró a Espailat Ministro de Justicia, pero él no aceptó la designación. Tres años después, su nombre junto al de Gregorio Luperón, fue propuesto para la presidencia y vicepresidencia de la República. Como la mayorí­a de los polí­ticos liberales de la época, formó parte del Partido Azul, contrarios a los rojos que acaudilaba Buenaventura Báez.

La historiadora Mu-Kien Adriana Sang en su obra Una utopí­a inconclusa. Espailat y el liberalismo dominicano del siglo XIX, se refiere a su biografiado en los siguientes términos:

"Espailat fue un severo crí­tico de la realidad heredada,
pero era ante todo, un gran soñador de una sociedad mejor.
Así­ no es de extrañar que su í­ntimo amigo Gregorio Lu-
perón dijera, refiriéndose a la obra escrita de Espailat, que
ela debí­a ser el catecismo polí­tico del pueblo dominicano".
Espailat creí­a en la moral y en la unidad de la familia como
base de la sociedad, pensamiento que lo resumí­a con estas
palabras: "La familia es el principio, el fundamento, la base
de la sociedad".

Escribió su patriótico ensayo "La fusión", "La situación y los partidos", texto que, junto al estudio "Hábeas Corpus", de Francisco Gregorio Bilini, y "Apuntes sobre los cuatro ministerios", de Pedro Bonó, deberí­an ser de lectura obligada para la formación moral y cí­vica de los ciudadanos del paí­s.

Luego de haberle servido a su patria chica, Santiago, desde diversas funciones públicas, Espailat fue proclamado por la cámara Legislativa, con mayorí­a absoluta de votos, como Presidente de la República el 15 de abril de 1876, luego de que Gregorio Luperón, lí­der del Partido Azul, lo propusiera públicamente.

Su mensaje al Congreso, leí­do el 29 de abril de 1876, de un tono visiblemente pesimista, dejó abierta la posibilidad de su renuncia si no lograba de los "representantes del pueblo su valiosí­sima cooperación", al tiempo que anunciaba con toda franqueza el estado de anarquí­a del ejército.

El derrocamiento de Espailat fue una tragedia nacional. Su sucesor, general Ignacio Marí­a González, duró apenas dos meses en la presidencia, para darle paso a la quinta y última administración de Buenaventura Báez.

Nuestro paí­s no estaba preparado para recibir el mensaje de redención moral y cí­vica que propugnaba un hombre de la estatura de Ulises Francisco Espailat. í‰l estaba en la lí­nea de Sarmiento y de Eugenio Marí­a de Hostos, quien lega a decir de él que era "el hombre más digno de ejercer el poder que ha tenido la República. í‰l encarnó la lucha entre la civilización y la barbarie."

Siempre activo al servicio de los mejores intereses de la Patria, después de su salida del poder fue requerido para ponerlo al frente de algunas iniciativas de servicio civil coincidentes con su visión de desarolo y fortalecimiento democrático.

Muere dos años después de salir del poder, y su deceso fue una pérdida irreparable para la sociedad dominicana.

Con un ponderado ensayo introductorio de la Lic. Mu-Kien Adriana Sang, la Fundación Coripio, Inc. incluye en el volumen XXXI de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, una selección de los escritos de Espailat con el seudónimo "Marí­a".