Federico Garcí­a Godoy (Don Fico)

Nació en Santiago de Cuba el 25 de diciembre de 1857. Muere en La Vega el 12 de febrero de 1924. Fueron sus padres Federico Garcí­a Copley y Josefa Godoy. Se destacó como crí­tico literario, novelista y ensayista.

Aunque estudió lenguas extranjeras en el colegio San Luis Gonzaga de la ciudad de Santo Domingo, su padre, profesor y notable hombre de letras, fue su verdadero maestro, hasta lograr que su hijo sobresaliera en su época dentro y fuera del paí­s.

Vivió algún tiempo en Puerto Plata, donde se estableció temporalmente su familia, pero luego se trasladaron a Santiago, y, finalmente, a La Vega, donde pasó la mayor parte de su vida.

En la ciudad de los "dones" como lama Juan Bosch a la clase social vegana más representativa, Federico Garcí­a Godoy desarolló una intensa labor literaria y cí­vica, lo cual le granjeó gran respeto y estimación en su colectividad.

Fue un hombre de variada y amplia cultura literaria. Desde su retiro en La Vega logró reunir una apreciable colección de obras de autores dominicanos e hispanoamericanos, lamentablemente desaparecida por un incendio que afectó su biblioteca y por el paso del tiempo. Ejerció el magisterio, pero en realidad fue un escritor a tiempo completo.

La lectura de sus escritos y su corespondencia con escritores nacionales: Pedro Henrí­quez Ureña y su hermano Max, así­ como con extranjeros del nivel del venezolano Rufino Blanco Fombona, del peruano Francisco Garcí­a Calderón y del uruguayo José Enrique Rodó, nos muestra a un intelectual preocupado por el avance de la cultura hispanoamericana y por la exaltación de sus valores representativos, al tiempo que exhibe un amplio dominio de las distintas corrientes literarias que incidí­an de manera preponderante en el ámbito hispanoamericano.

Con la excepción de sus novelas históricas, Rufinito, Guanuma y Alma dominicana, cuyo modelo es, indefectiblemente, Benito Pérez Galdós, en sus ensayos de crí­tica literaria y en sus artí­culos periodí­sticos existe un denominador común: divulgar en un lenguaje sencilo y transparente, los logros más señalados de la actividad literaria local e internacional. Su fin era, ante todo, educar a través de la palabra escrita, lo que era una preocupación de muchos intelectuales de su época: Federico y Francisco Henrí­quez y Carvajal, Salomé Ureña, Eugenio Marí­a de Hostos, Manuel de Jesús de Peña y Reynoso, entre otros. Todos eran maestros al servicio del bien común.

Como periodista fue redactor de El Pueblo (1896-1899) y director del diario El Dí­a (1914-1916). Pero, además, fue un asiduo colaborador de las principales publicaciones periodí­sticas de la época: Listin Diario, La Cuna de América, El Porvenir de Puerto Plata, Patria, Letras, etc.

Su participación en la vida pública fue escasa. Se recuerda que fue diputado al Congreso Nacional por La Vega. Fue, en cambio, promotor de varias organizaciones nacionales festivas y culturales como Patria (1906). Su autorizada voz se dejó oí­r en momentos decisivos para la vida institucional de la República; tal como sucedió durante la intervención militar norteamericana de 1916. Entonces escribió su obra El derrumbe, la que no agradó a los interventores y fue incinerada, salvándose a duras penas unos cuantos ejemplares, lo cual ha permitido su reedición reciente, a cargo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con prólogo de Juan Bosch.

Por la naturaleza de su obra, a Garcí­a Godoy se le ha catalogado como el "fundador del nacionalismo literario dominicano". Por los temas que aborda en ella no serí­a aventurado situarlo entre los crí­ticos mejor dotados que produjo la literatura hispanoamericana en las postrimerí­as del siglo XIX y las primeras décadas del XX. La calidad de su producción está avalada por el dominio de los imperativos de la crí­tica literaria moderna, sin encasilarse en valoraciones dogmáticas, pero sí­ centrada en un eclecticismo que le permite una versátil visión estética sin caer en prejuicios excluyentes.

Su rico dominio de la lengua es una prueba inequí­voca de que abrevó en las mejores fuentes. En su ánfora caben, sin prejuicios, Hippolyte Taine, Honoré de Balzac, Anatole France, Charles Augin Sainte-Beuve, Ví­ctor Hugo; pero tampoco faltan en elos los autores de lengua española: Galdós, Castelar...

Puso mayor énfasis en autores hispanoamericanos y con muchos de elos mantuvo una valiosa relación epistolar. Aparecen en su registro autores de Cuba, Perú, Argentina, Venezuela, Colombia.

Pedro Henrí­quez Ureña lo distinguió con agudos comentarios acerca de los suyos. Sirva de ejemplo la carta titulada "Literatura histórica", enviada a Garcí­a Godoy desde México en 1909, con motivo de la publicación de Rufinito, obra que, según le expresa, leyó con "placer, tanto por la elegante firmeza de su estilo como por la clara viveza con que acierta usted a evocar el más señalado perí­odo de la historia dominicana."

Garcí­a Godoy escribió un extenso comentario acerca de las Conferencias del Ateneo de la Juventud de México, donde el humanista dominicano era una de sus cabezas más visibles.

A pesar de su intensa labor como crí­tico de gran sensibilidad estética y certero juicio, en 1899, en el prólogo de Impresiones, el autor de Rufinito resume con absoluta transparencia su concepción estética:

"En materias artí­sticas, como en todo, detesto lo exage-
rado y rutinario, y así­ como disto de ser partidario del estéril
dogmatismo que tiende a convertir la crí­tica en mero ejer-
cicio retórico, tampoco me siento atraí­do "sin dejar no obs-
tante de reconocer lo mucho digno de loa que contiene el modernismo-,
por el aparente éxito de ciertos procedimien-
tos antiestéticos que algunos snobs estrafalarios proclaman
a los cuatro vientos como fórmulas definitivas destinadas a
operar una transformación salvadora en todo cuanto con el
Arte se relaciona".

Los dos tomos que contiene la selección de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos recogen una muestra de la excelente producción literaria de Federico Garcí­a Godoy, maestro del buen decir y ciudadano de una estirpe en franca decadencia en nuestro paí­s.

El estudio preliminar de esta oportuna selección estuvo a cargo del Dr. Manuel Garcí­a Cartagena, quien nos ofrece un amplio panorama de la emblemática personalidad de don Federico Garcí­a Godoy, cuya "labor como crí­tico de amplia cultura literaria y filosófica le ha dado renombre en toda la América española; pero como escritor quizás haya que buscar sus mejores páginas en sus novelas dominicanas, escritas en prosa fácil y abundante e inspiradas en un nacionalismo literario que fue para Rodó bandera de americanismo".

Federico Garcí­a Godoy vive en sus libros y entre quienes lo recuerdan con fervorosa admiración.